Cartografía de atmósferas reúne un conjunto de imágenes realizadas en momentos y lugares diferentes, que componen una narrativa donde los tiempos se cruzan y se descolocan deliberadamente.
El proyecto propone un mapa sin coordenadas fijas: territorios emocionales que no comparten geografía, pero sí una misma atmósfera sostenida por decisiones de luz y color.
El claroscuro opera como principio estructural de la obra, delimitando las fronteras entre lo visible y lo sugerido: regiones donde habita el misterio y donde la mirada se detiene o se extravía. La gama cromática, que transita entre cálidos y fríos, atraviesa el recorrido con una nostalgia serena —la de quien reconoce algo propio en paisajes que nunca ha habitado—.
En esta propuesta, la fotografía no se plantea como destino sino como punto de paso: un umbral, una ventana. La serie desplaza así el énfasis de la imagen hacia la experiencia, y convoca al espectador a asumir un rol activo: el de cartógrafo de su propia mirada, invitado a orientarse —o a extraviarse deliberadamente— entre resonancias, trazando recorridos emocionales y simbólicos sobre las imágenes.












